Hoy en día, es demasiado común escuchar a nuestro alrededor solo maldiciones. No solo maldecimos verbalmente sino también maldecimos con nuestra actitud hacia los demás: al rechazar, menospreciar, insultar, maltratar o ignorar al prójimo. Es tiempo de volvamos a ser personas que bendicen, personas que son instrumentos de bendición de Dios.