A Dios no le interesa la fachada exterior, no le interesa las apariencias. A Dios le interesa el corazón, pero más que su condición, su calidad. Es decir, si esa persona desea en su corazón abrirse a Dios sinceramente, buscarlo y hacer su voluntad.

Por lo tanto, a nosotros nos toca revisar nuestra manera de acercarnos a Dios, tomando en cuenta que los religiosos del tiempo de Jesús, pretendían hacer obrar conforme a la voluntad de Dios pero tenían un corazón completamente endurecido.

Acompáñanos en este estudio que busca que estemos más cerca de Dios.