Cada vez que le pedía un permiso a mami para salir con mis amigos del colegio, ella siempre me decía: ora al señor, preséntaselo y El dirá.

La semana completa oraba a toda hora para que mami me diera permiso. Había días en que no me lo daba y yo hacia de todo menos entender que eso era lo mejor para mi, que me estaba guardando. Empecé a entenderlo porque los días en que sí me daba permiso para ir, me sentía extraña, como con un peso en el pecho, porque terminaba siendo parte de ellos y no lo contrario; ellos no se volvían a mi, como dice La Palabra. Al otro día, me arrepentía de haber ido, por que sentía que le había fallado al Señor.

Muchas veces yo sabia que no debía ir, lo sentía pero no hacia caso a ese sentir, porque los muchachos siempre decían que yo salía con la gente de la iglesia y con ellos no. Yo les explicaba, pero no entendían, y yo por no salir «Del coro» siempre quería ir. Pero luego entendí que no debe ser así, que no puedo servir a dos señores. Debemos determinar en nuestro corazón a quién serviremos.

Nosotros debemos ser luz en medio de la oscuridad. El mundo pasará, pero ni Su Palabra ni El pasarán. Si asistimos a ambientes no cristianos nos contaminaremos, aunque no «hagamos nada malo». Es como si entráramos a una mina de carbón con un vestido blanco, por más que no queramos pegarnos ni ensuciarnos, saldremos sucios.

No cedamos a la presión de grupo, no dejemos a Jesucristo fuera de nuestras vidas. La obediencia trae bendición.

Pidamos al señor que nos de amigos cristianos que nos sumen y que podamos sumarle y no que nos resten. Que nuestro ambiente para compartir sea sano y que en todo tiempo nos preguntemos si le estamos agradando a El.

Paola Espinosa (18 años)